En el Ciutat de València hay un tío que vende regaliz. Hay muchos, a decir verdad. Suelen llevar gorra y pelo cano. No sé si se reparten el campo por sectores o qué. Ignoro si hablan entre ellos y hacen reuniones semanales para analizar los datos de consumo. Ya sabéis, un Power Point con un plano alzado del estadio coloreado en diversas tonalidades de azul mientras un vendedor de regaliz expone que en Gol Alboraya Bajo hay un claro aumento de las ventas de regaliz a partir del minuto 60. Y todos aplauden satisfechos.
Pero me refiero a un vendedor de regaliz en concreto. Pasa siempre por Grada Central –que es donde me siento yo– aunque desconozco si su zona de influencia va más allá. Tiendo a pensar que sí, que se mueve como una serpiente sigilosa entre todas las butacas. Es un hombre mayor y de aspecto afable. Un buen tío, molt valencià, que camina mirando con el rabillo del ojo hacia ángulos estratégicamente escogidos buscando una mirada cómplice o voraz motivada por su dulce y cilíndrico manjar (el regaliz).
Cuando alguien quiere comprar regaliz le hace una señal o le chista. Y entonces, el vendedor de regaliz siempre grita: “¡Voy pa’ allá!”, para que el cliente sepa que le ha oído. Cuando éste grita todo el mundo le mira y entonces algún niño que andaba despistado lo descubre y, saltando como un resorte, le pide a su padre que compre regaliz (no porque le apetezca, sino porque mola que un palo se pueda comer). El padre, resignado, hace una señal o chista al vendedor de regaliz, que responde con su “¡Voy pa’ allá!”. Entonces otro niño despistado se fija en él. Y así hasta el infinito. Qué va, era broma, tampoco es para tanto.
Con el tiempo, el vendedor de regaliz se ha ido dando cuenta de que ese gritito suyo tiene mucho gancho; es muy Don Draper. Y desde hace algunos años ya suelta su latiguillo de forma indiscriminada. Su “¡Voy pa’ allá!” ha pasado de significar “mensaje recibido” a convertirse realmente en un anuncio de su aparición. Una musiquilla de entrada que se hace. De manera que puede estar jugándola Xavi Torres, Koné o puede estar sacándose la chorra el mismísimo Iturralde Gonzáñez que en cuanto uno oye el “¡Voy pa’ allá!” pasa de todo, gira la cabeza y observa cómo el vendedor de regaliz se acerca poco a poco. Algunos jóvenes en las gradas ya saben de qué va el tema y en cuanto lo ven gritan un “¡Voy pa’ allá!” muy socarrón, pero cargado de buen rollo. Él responde con miradas juguetonas y nunca dice otra cosa que su grito de guerra. Finalmente, cuando llega a tu altura, si nadie le reclama grita otro “¡Voy pa’ allá! y uno puede ver cómo va alejándose poco a poco hasta perderse entre la muchedumbre.
Supongo que, al acabar el partido, el hombre regresa a su casa y enciende la televisión. Desgraciadamente nunca se hablará de él en los informativos. Seguramente el periodista deportivo de turno sólo mencione que en el Ciutat de València jugó el Levante UD contra otro equipo, que el resultado fue tal, que hubo muchas ocasiones y que durante el encuentro se pudo ver cómo en el círculo central Iturralde González sacaba lentamente su impoluta chorra para sorpresa del respetable.
Jajaja, informarte que también pasa por Gol Orriols y supongo que por cualquier rincón del Ciutat de Valencia !!
ResponderSuprimirSe confirma la teoría de la serpiente sigilosa. ¿También se meterá en Tribuna? ¡Los granotas queremos saber!
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